Macroeconómicas

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La versión de Mayo

Principales proyecciones 2012/2016

Los próximos dos años la Argentina va a exhibir una suerte de estancamiento de la actividad interna, producido tanto por razones externas como por esta suerte de "rebalanceo" de la política económica que, tal como veníamos anunciando el año pasado, la realidad le impuso al Gobierno apenas finalizados los comicios. Esperamos asimismo cierta reactivación hacia 2014, en tanto 2015 exhibiría en principio señales de estanflación en la nueva transición presidencial, y 2016 un claro repunte productivo. Lo mejor del kirchnerismo se agotó entre 2003 y 2007 por lo que hasta fines de esta Administración la macro exhibirá mediocres indicadores pero probablemente ningún punto de fractura. No podrá utilizar las dos "balas de plata" que tiene en carpeta, solamente una.

Por Pedro Greaves | 

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Desde que dejó la presidencia Néstor Kirchner cambiaron los racionales de la política económica y hoy asistimos a una suerte de caricatura en donde el "morenismo", es decir la intervención directa sobre los síntomas de los problemas económicos y no sobre sus causas, se traduce en dilemas: ya toda medida de política económica es "sub-óptima" y tiene un costo asociado. Pero aunque esta concepción que establece que las decisiones políticas determinan la evolución económica también es parte del problema, no conviene subestimar su eficacia de corto plazo.

Es decir que para trazar proyecciones de mediano plazo para la Argentina uno de las primeras claves a dilucidar es el "horizonte de eficacia", el alcance en el tiempo, que exhiba el "morenismo".

Nuestra respuesta es que el sistema industrial podrá crujir por el desabastecimiento de importaciones que no logren sustituirse en tiempo y calidad, que la inflación seguirá carcomiendo los ingresos de los más débiles, que el Estado argentino seguirá sin lograr crédito voluntario y que la crisis de infraestructura (energética) seguirá restringiendo la actividad, pero mientras el precio de la soja se mantenga por encima de los u$s400 / tn. y el clima ayude y la política monetaria siga subordinada a la fiscal, y ésta a las decisiones políticas, el sistema económico convergerá sin prisa y sin pausa hacia un punto de menor actividad y menos reservas. Este desenlace se produciría bajo el supuesto, siempre heroico, de que los tres grandes imponderables no se descarrilen: nos referimos a cómo se dirime la crisis europea, a la salud presidencial (que no se vería afectada significativamente ni física ni psicológicamente) y al factor climático (no sequías ni inundaciones relevantes). Hasta nos animamos a suponer que los potenciales conflictos comerciales que se vienen incubando con nuestra escalada proteccionista, especialmente con Brasil, no determinarán un cambio de escenario ni de instrumentos, por lo menos hasta 2014.

En el plano externo, adherimos a quienes opinan que la crisis europea será encapsulada en términos financieros aún cuando Grecia termine abandonando la UE, pero derivará en una fuerte devaluación del euro y en una recesión de dos años de la eurozona. Pero dado que varios países tienen en carpeta planes contingentes para esta eventualidad (Estados Unidos, China y Brasil) preveemos que el impacto en la Argentina no será significativo por dos razones: nuestro aislamiento financiero y la política monetaria norteamericana que garantiza al mundo un piso de casi cero a sus tasas de interés hasta 2014. A partir de entonces, con el aumento de tasas de la FED, comenzaría otra historia para la Argentina.


Déjà Vu y escenarios de corto plazo

Las condiciones históricas y políticas por definición no se repiten, como es poco probable que las variables económicas, que suelen moverse de manera caprichosa, reproduzcan escenarios anteriores. Pero no puede dejar de advertirse ciertas similitudes entre los comienzos de ambos mandatos presidenciales de Cristina Kirchner.

En primer lugar, la inminencia de un conflicto con el campo es un dato que emparenta las dos coyunturas. La sequía pegó tanto entonces como ahora, potenciada además por sendos y desproporcionados impuestazos al campo (entonces fue la Resolución 125, hoy los significativos incrementos de los tributos inmobiliarios que se producen en Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe). La consecuente caída de los volúmenes producidos fue y será la respuesta lógica: la actual cosecha gruesa como la próxima campaña triguera anticipan caídas de volúmenes superiores al 10%. Sólo a las centralizadas finanzas públicas le resulta funcional que este efecto ya se está reflejando en los precios, ya que la merma de volúmenes que se instaló en el campo repercutirá y se amplificará significativamente en varios sectores encadenados y, principalmente, en el interior del país.

La madre de estos conflictos descansa en la concepción del negocio agropecuario que predominó desde el principio en los despachos oficiales: lejos de considerarla como el primer eslabón de la principal cadena de valor argentina, que invierte, se endeuda y reproduce valor, el kirchnerismo desde sus restricciones ideológicas ve al campo como una actividad “recolectora” y “extractiva”, que usufructúa los beneficios de lluvias gratuitas y suelos fértiles, y con ello supuestamente queda legitimizada la presión tributaria adicional sobre el sector, en tren de capturar la “renta extraordinaria” que éste detenta.

El segundo factor que emparenta ambos comienzos de mandato es la inminencia de una crisis internacional, aunque es bueno aclarar que una nueva hecatombe global viene principalmente anticipada por la propia CFK cuando pronosticó recientemente que “el mundo se nos cae encima”; y no se refería a las consecuencias para la Argentina de la incautación de YPF sino al impacto de una nueva crisis financiera internacional, esta vez con epicentro en la Unión Europea. No se sabe si esta profecía oficial es una suerte cortina de humo, la excusa anticipada para explicar las próximas caídas productivas, o se trata de un diagnóstico oficial sobre lo que vendrá desde el exterior, y que de paso sirve a la Presidenta para legitimizar el “relato”: en tal caso el estatismo, el proteccionismo y el aislamiento de la Argentina serían buenas estrategias en el caso de una abrupta caída del comercio mundial.

El consenso de quienes hacemos proyecciones macro y microeconómicas no compartimos este supuesto, aunque no dejamos de evaluar las amenazas globales. Sabemos que los bancos centrales de todos los países no tienen escrúpulos en situaciones críticas y que se ha demostrado su eficiencia para evitar catástrofes. Por ello privilegiamos los factores endógenos, autóctonos, las políticas económicas más que las vicisitudes externas, para predecir hoy a la economía argentina. En este orden de ideas desde hace más de un año veníamos pronosticando que después de las elecciones se entraría en una fase descendente del ciclo económico: un soft landing, denominación que los economistas utilizamos para describir un descenso no traumático de la actividad.

Es que las señales ya eran categóricas hace dos veranos: pese al optimismo que imprimía el precio de la soja, se acumulaban señales macro imposibles de no advertir: inflación, crisis de infraestructura y dolarización de los ahorros. Todo convergía a desplegar un escenario de retraso cambiario y tasas negativas de interés de tal envergadura que, en el marco de pleno empleo y mientras se mantuviera la expansión monetaria, fiscal y salarial en tasas superiores al 30% anual, tenía que terminar impactando primero en las reservas internacionales, y posteriormente en la actividad económica.

Llegado a ese punto muy pocos analistas estimaban que el Gobierno, bajo el influjo del 54% de adhesiones de la ciudadanía, iba a optar por “huir hacia adelante” en vez de recalibrar la macro recortando subsidios y moderando sus políticas expansivas, de a poco, progresivamente, lo que daba sustento al soft landing. Nada de eso sucedió: después de los comicios (y de la tragedia de TBA) se encajonó el ajuste tarifario y se tomaron tres decisiones que dejan muy en claro cuál será el rumbo de la política económica hasta 2015: 1) el proteccionismo para cerrar la economía, 2) la incautación de YPF y otras estatizaciones que vendrán a medida que la crisis de infraestructura produzca nuevas señales y, 3) la inconvertibilidad del peso a través de las restricciones cambiarias y de la apropiación de las reservas del Banco Central como forma de obturar de fuga de capitales y preservar las amenazadas reservas internacionales. Un retroceso de 30 años en materia de política económica.

Por este volantazo no previsto por la mayoría de los analistas, hoy el escenario de cara al futuro es otro: esquemáticamente vemos dos chances de que a corto plazo el “soft landing” se transforme en un “hard landing”, es decir en una recesión abierta. La primera es exógena, de origen externo, pero no tiene tanto que ver con la hipótesis oficial sino que el cambio de viento de cola se derive de nuestros socios comerciales, ya sea por represalias al proteccionismo y/o por la caída del real (devaluación). En tal caso toda la cadena de bienes exportables sentiría el principal impacto.

La segunda gran amenaza es saber cómo reaccionará la política oficial cuando se haga evidente el enfriamiento del mercado laboral, y la caída del consumo, es decir cuando se instale la sensación térmica de final de ciclo. Es que son precisamente las políticas en curso, expansivas de la demanda, las que deben ponerse en juego en tales circunstancias, por lo que volver a insistir en viejos instrumentos tiene una alta cuota de temeridad. Solamente una acción sobre las condiciones de oferta, o la reconstitución de las instituciones económicas podrían contribuir en tal caso a moderar el ciclo depresivo.

En cualquier caso queda claro una certeza a futuro: bajo la evidencia empírica de que una recesión puede echar por tierra las chances de una buena elección para el oficialismo en 2013, la economía ya volvió a quedar subordinada a la política.

Las balas de plata

Los últimos dos años de esta Administración podrían revertir varias tendencias, entre ellas se agotaría buena parte del "horizonte de eficiencia" del “morenismo”. En este punto podríamos esperar un cambio de expectativas a favor de una mayor dolarización de carteras (y fuga de capitales) que, unida a la eventual caída del precio de la soja por imperio del fortalecimiento del dólar en el plano global, requeriría un nuevo replanteo de instrumentos en tren de no agotar las reservas internacionales.

El Gobierno tiene guardado para entonces dos instrumentos que intentaría poner en juego, con distinta suerte: la minería y el endeudamiento externo.

El origen del primero es kirchnerismo puro; el cristinismo -fiel a su tradición reciente- lo distorsionaría con su impericia política, y en definitiva lo haría caer. La estrecha relación entre Néstor Kirchner y quien fuera uno de sus principales candidatos a vicepresidente, el actual Gobernador sanjuanino, daban sustento hasta hace poco a las impresionantes proyecciones sobre las exportaciones mineras argentinas que circulan en medios privados. Se trata de una "nueva soja" que, en base a lo producido y exportado en Pascua Lama y otros proyectos como el de Famatina, hubieran imprimido al sector externo argentino un cambio tan estructural como la expansión exportadora sojera de la década pasada.

Hoy las chances de concretarlo nos parecen escasas, razón por la cual suponemos que la gestión económica apuntará a realizar un nuevo rally de endeudamiento a partir de 2014 que, aún caro y exhibiendo al mundo un nivel de riesgo país temerario y avergonzante, sería la única estrategia que le quedaría a esta Administración para sostener buena parte de sus políticas eludiendo un ajuste macroeconómico severo.


 

Si desea disponer de la versión pormenorizada de estas proyecciones, con cargo:

Comuníquese al 15 6 519 9009 o escríbanos a pedro@greaves.com.ar

Nuestro análisis conforma un cuerpo analítico muy completo, que actualizamos todos los meses. En esta página web apenas exponemos una breve síntesis del mismo. 

Por lo tanto está siempre disponible una proyección actualizada de la economía argentina y de sus principales sectores, en una horizonte de 5 años de un set de más de 100 variables claves de la economía nacional e internacional. Consta de una presentación de unos 120 charts, muy amigables, más una nutrida base de datos con la historia y pronóstico de esas variables, listas para integrar su planeamiento económico financiero, estratégico o comercial.
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